miércoles, 16 de julio de 2014

La chica de la capucha roja


El año 2009 me enamoré de un abrigo rojo. Lo vi en una tienda en Antofagasta y, para mi presupuesto de estudiante de esos años, era bastante caro. Comprarlo requería esfuerzo. Ese año tenía también planeado un viaje a Europa (mi primer viaje al antiguo continente!) por eso, en lugar de comprar el abrigo que había visto en Chile, guarde dinero para comprarlo en mi viaje. Encontré mucha ropa linda, pero ningún abrigo del color que quería. Como andaba de turista, el tiempo para vitrinear era bien escaso así que volví a Chile sin haber gastado ese dinero en lo que había imaginado (pero nunca con las manos vacías obviamente!) . Después, por diferentes razones de la vida, nunca volví a ver un abrigo rojo que me gustara (hasta ahora).

Hace un tiempo, paseando por el mall, vi un abrigo rojo que me encantó. Me lo probé y a pesar de que era talla pequeña, el abrigo me quedaba como saco de papas. Al parecer la talla "s" en esa marca de ropa es mas grande que lo que uno acostumbra (porque mas delgada no estoy :( ). No me gusto como se me veía (a pesar de que me lo probé y probé ) y me olvide de él por un tiempo.

Unas semanas mas tarde cuando estaba en la U, sufrí un "colapso nervioso" (por culpa de la tesis de mal, gran novedad). Me fui entonces al mall (como lo hacen en las típicas películas rosa) y ahí estaba ese abrigo rojo demasiado grande para mi cuerpo de metro y medio.

Probablemente por síndrome del naufrago (ya que nada bonito había en el mall) y a mi deseo no cumplido del año 2009, me obsesioné como tonta con ese abrigo rojo. Sí, el mismo abrigo que no se me veía bien hace unas semanas.  Era mitad de mes por lo que para esas alturas, ya no tenía dinero para comprarlo a menos que me endeudara. Varias veces a la semana orbité alrededor de él, esperando (con esperanzas) a que bajara de precio.

Me prometí que si aún se encontraba en la tienda a fin de mes, lo compraría, ya que eso significaba que el "destino" lo quería para mi. Llego el día 29 y ¡sorpresa!, colgado estaba el abrigo rojo con capucha en la talla "s". Ni me moleste en volver a probármelo. "Que afortunada soy", pensé ¡ Estaba con un 30% de descuento!... no podía estar mas feliz. ¡Bendito destino!

Al día siguiente me levante entusiasmada para ir a la Universidad con mi nuevo abrigo. Me lo puse frente al espejo y empezó ahí el problema. No me gustó como me lucía. Ahora que ya lo tenía y la obsesión había desaparecido, mi cabeza no alteraba la realidad. Me quedaba grande, igual que la primera vez que me lo probé. Posé de todas las formas frente al espejo y en la única donde me veía bien era cuando me cubría con los brazos. Mal.

Tomé el abrigo, lo metí dentro de la bolsa de la tienda y me fui a la Universidad.

De forma paralela a esta historia, me encontraba viviendo el término de una relación y, aunque no lo crean, acompañando a mis amigas en su propio duelo. ¡Ni que estuviéramos sincronizadas!

Entonces esta locura por las compras (bueno, locura por esa compra) y mis pensamientos de mujer soltera libertina (como una vez me llamo mi abuelita) se mezclaron. El abrigo rojo se convirtió en el hombre por el que muchas veces me "obsesioné", a pesar que nada en común teníamos y la célebre frase de Carrie Bradshaw que mi amiga Paula me había mostrado hace unos días se me vino a la mente

"Él era el equivalente de carne y hueso a un vestido de DKNY: sabes que no es tu estilo, pero ahí está, así que de todos modos te lo pruebas."

En mi caso el era el equivalente en carne y hueso a ese abrigo rebajado que por alguna razón nadie lleva: sabes que no te queda bien, pero aún así lo compras, esperando que con un par de pinzas y cortes quede como lo imaginaste. Por eso la historia de mi locura por una prenda de ropa había pasado de ser simplemente anecdótico a algo con un poco de sentido.

Me obsesione con una idea de cuentos (provocada por el tirano Disney, diría mi amigo Miguel ) e intente hacer encajar a ese hombre en ella; pero hacer costuras en él no es tan fácil como en una prenda de ropa. Él encajaba conmigo de la misma forma que un par de zapatos talla 35: demasiados apretados como para no dejarme caminar feliz y para arruinar de a poco mi pie (aquí un video como ejemplo). Entonces, ¿Por qué volverme tan testaruda con una idea que solo estaba en mi cabeza?

Como no quiero alargar esta entrada mas de lo que está, les contaré el final de la historia. Quede frustrada y triste porque el dichoso abrigo no funcionaba en mí. Pensé en probármelo nuevamente en la Universidad pero luego cambie de idea ¡10 veces ya era demasiado! Regresé a la tienda y lo devolví  ¿para qué tener una prenda sin usar en el closet?

Días después otro abrigo llamo mi atención y la verdad es que me quedaba muy bien, incluso si me paraba de la peor forma. Lo compré y me fui a casa. No era el mismo abrigo ni tenia el mismo color del que muchas veces rondo por mi mente, pero me había sorprendido! A la hora de usarlo encajaba conmigo de forma perfecta y me hizo sentir tan cómoda llevarlo que ni siquiera pensé en hacerle un arreglo extra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario