viernes, 30 de diciembre de 2016

2016

Nunca quise darme el tiempo para armar el cubo Rubik cuando era pequeña. No tenia la tranquilidad mental para sentarme y averiguar los pasos. La verdad es que el sólo hecho de poder armarlo me parecía imposible. Pero sí me gustaban los juegos de ingenio y en esos momentos Eduardo me enseño varios de ellos. El cubo Rubik sin embargo estaba lejos de mis posibilidades ya que a pesar de que podías encontrarlo en las ferias a $1000 (alrededor de 1 dólar y medio) era difícil de manejar (probablemente por ser tan barato),  entonces lo mejor era comprar el original, lo que en esos tiempos por la ciudad donde vivía y el dinero que tenía no era una opción muy factible. 

Cuando comencé el año 2016 tenía todo preparado. Antes de terminar el 2015 con mi amigo Toto fuimos a la biblioteca para obtener la mayor cantidad de libros que nos prepararían para el examen de calificación. En enero comencé muy optimista, dediqué el mes completo a aprender termodinámica, la materia en la que me encontraba más débil a mi parecer. Tomé un curso de danza después de llevar un año sin pisar un estudio de baile con los pies descalzos y en Febrero partí al Norte rumbo a mis vacaciones. El primero de Marzo pisé nuevamente Santiago y volvía con mis energía renovadas. Estaba optimista, tenía que conseguir un departamento para arrendar y la imagen de como decorarlo estaba muy nítida en mi cabeza. Demoré alrededor de dos semanas en encontrar el adecuado y 25 días después de mi vuelta a la capital pasé la primera noche en lo que sería mi nuevo hogar. Lamentablemente no lo hice sola como lo había planeado, pero pensé que uno que otro cambio no podría arruinar del todo mi planificación del año 2016.

Este año dije adiós para siempre a la óptica cuántica y me "concentré" en aprender las materias necesarias para la nueva área en la que me estaba metiendo. Claro que la palabra concentrase va entre comillas ya que mi concentración en la física no puede haber estado mas descuidada este año, a pesar de que mis planes no eran esos. Sin embargo aprendí a armar el cubo Rubik, algo que mi pasado había descartado totalmente. 


En el proceso en el que estaba aprendiendo a armar el cubo Rubik siempre temía hacer un movimiento nuevo. Aprender a armarlo según yo no es muy complicado, basta recordar bien los pasos a seguir y entender las diferentes combinaciones. Es como aprender una coreografía nueva. Pero por lo mismo me asustaba, ya que un movimiento en falso podía desmoronar completamente lo que ya había sido armado y guardado, y la idea de empezar cada vez de cero no me era atractiva. La manera de armarlo es de abajo hacia arriba; partes con la base, luego el centro y finalmente llegas a la parte superior donde la cosa se pone más complicada. Debo haber armado las primeras dos partes más de 20 veces y con mi buena memoria a la hora de captar movimientos puedo recordar hasta hoy, el día en que me compré mi primer cubo Rubik de "calidad" (y que no se rompe con el primer giro), como hacerlo. Sin embargo tuve problemas con la parte final...¡y es que incluso habiéndolo visto una docena de veces no lograba grabar en mi mente los pasos, ni formar una secuencia lógica con ellos! Algo no hacía click en mi cabeza.  

Antes de dedicarme al armado de un Cubo con caras de diferentes colores la Ivania que pisó Santiago un primero de Marzo había cambiado bastante en un par de meses. Ya no me sentía tan optimista. Estaba apática y triste. No podía ir a nadar pues la piscina estaba siendo reparada. No podía hacer ejercicio ya que nada me motivaba. Empecé a no poder estudiar y la presión del examen de calificación que se acercaba no me ayudaba en nada. Cada día despertaba con mas ojeras que el anterior. No podía dormir sin tener pesadillas o resolver ecuaciones y no lograba descansar para llegar a las clases de las 8. Me atacaron más resfriados que cuando vivía en concepción y empecé a odiar estar en casa. Odiaba los colores de mi hogar, el cual ya no era mas sólo mío, odiaba haber reemplazado el escritorio que quería por un comedor que pasaba abarrotado de libros, odiaba despertar y ver mi planificador mental hecho un desastre y lo que mas odiaba era no tener inspiración para escribir en este blog y menos para dibujar. Achaqué todo este problema a la carga académica y al hecho de que antes de partir de Concepción había sido diagnosticada con una depresión leve. Simplemente asumí que una persona con mis "problemas mentales" se veía más afectada que la gente "sana" ante un episodio de estrés. Preferí escuchar a alguien opinar sobre mi que inspeccionar lo que en verdad sentía y lamentablemente ese alguien ni siquiera era un médico (o doctor). 

Con las energías bajas sucedió lo predecible: reprobé mi examen de calificación y en ese momento gran parte de mi mundo se me vino abajo. En un momento pensé en abandonar, no podía creer que los planes que tenía se habían escapado de mis manos. Sin embargo me recuperé y me volví a levantar... o eso creía. Como la presión del examen se había esfumado pensé que ahora sí estaría más tranquila y contenta. Que las cosas que veía negras adquirirían al fin color, incluso en mi hogar que en ese momento volvía a ser sólo mío. Volví a dibujar, empecé a hablar más con mis papas y a hacer ejercicio constantemente, pero algo seguía sin encajar. Me movía con temor, de la misma forma que hacía las combinaciones en el cubo Rubik que me habían prestado para aprender. Temía que el problema del estrés ocasionado por el examen fuera irreparable o que mi cabeza estuviera funcionando mal del todo a estas alturas. De la misma forma que no lograba aprender la parte final para armar el cubo, no lograba disfrutar la vida. Así, mi segundo semestre fue peor que el primero odiando a esas alturas no sólo lo que ya mencioné, sino también mi color de piel, mi estatura pequeña, mis mañas, la forma de mi cuerpo y lo mas importante, mi manera de ver la vida. Empecé a creer que lo que yo creía era incorrecto y asumiendo que no era capaz de armar una última fila del cubo Rubik por mi misma di la razón de todo a la misma persona que en lugar de ayudarme, me diagnosticaba como un médico cualquiera. 

Casi al finalizar el año toqué fondo aunque no se si eso en verdad existe; mi amigo Toto dice que uno siempre puede caer mas bajo. En cierta forma tiene razón, leyendo entradas antiguas recordé que había catalogado el 2014 como uno de los peores años y este año repetí una historia bastante parecida, sino puedo decir peor.

La forma de partir armando el cubo Rubik tiene una buena razón. Si lo haces mal nunca podrás llegar al final y en algún momento puede que te veas atascado. Tomando la analogía de esto, mientras me encontraba mirando al cielo cubierto de smog preguntándome el por qué había tenido un tan mal año, llegue a la conclusión de que la respuesta está al final del tercer párrafo que escribí en esta entrada: desde que pisé Santiago en Marzo mi año estuvo armándose de una manera equivocada. No se puede pretender lograr armar tal cubo con las combinaciones erróneas, de la misma manera de que no se puede construir algo con cimientos débiles. Si uno no hace las cosas como quiere y aguanta lo que no puede ni debe es muy probable que el año que querías armar nunca ocurra. Al lamentarme sobre no vivir desde un comienzo como lo había planeado había predestinado el fracaso de armar cualquier cubo Rubik, ya que cómo podía lamentarme por algo donde uno no debiera lamentarse. Cómo pude ser infeliz 8 meses sin darme cuenta antes, desarmar todo y volver a armar las cosas bien desde el principio.    

No se si creo en el destino. Como científica ni siquiera me he dado el tiempo de pensar en lo que creo con respecto a eso pero si creo que cuando no has aprendido algo bien la vida es lo suficientemente sabia como para tocar tu puerta y hacer que esta vez si lo logres. De una forma mas científica, recuerden la tercera ley de Newton sobre el principio de acción y reacción, si cometes la misma cantidad de acciones erradas es muy probable que la vida de te de golpe con una serie de eventos desafortunados.

Desearía haber aprendido el 2014 y no haber tenido que conocer a lo que me llevo a sentirme mal conmigo misma. Haber sido mas fuerte y cerrar las puertas en las narices a quien quisiera escalar a costa mía. Lamentablemente eso no ocurrió y en lugar de cuestionarme el por qué de mi "estupidez" de revivir algo peor que en el 2014, prefiero decir adiós al año 2016 sintiendo alivio del gran peso que me saque de encima. Sintiendo alivio de que cuando regrese a mi hogar el año 2017, mi escritorio blanco junto con la gran cantidad de colores que me alegran la vida y mi pequeño erizo estarán ahí. Sintiendo alivio de que ya nadie me va a juzgar por mi color de piel, mi estatura pequeñita ni mi físico no atlético. Llego casi todo lo que quería al menos un año tarde, bueno menos la eriza la cual nunca fue planeada (sorry Puka).

Estaba dudosa sobre subir esta entrada como punto final del año. Desde que partí de Concepción quería olvidar entradas melancólicas de este tipo pero no pude, menos con lo que viví este año. Creo que hay cosas que no pueden obviarse y si existe la posibilidad de que el dejar mi experiencia por ahí en la red haga que alguien que pase por lo mismo lo termine antes de tiempo, no me deja dudas sobre publicar esta entrada. Pero de todas formas intento no ser muy explicita en lo que escribo, armar mal tu cubo Rubik aplica a dejar de lado lo que tu crees sea en el trabajo, en los estudios, con una pareja o incluso con tus amigos. 

Si algo aprendí bien del 2016 es a no dejar que nadie que es capaz de criticarte por tu aspecto físico entre a tu corazón. Ni que el que no seas el prototipo de tal limitada persona te tire para abajo. No esta mal no ser pálida a nivel vampiro, ni tener el pelo color café oscuro. No te hace menos atractivo medir 156 en lugar de 1.70, ni tener una mayor "delantera". El tener pancita o el tan odiado rollo no es un pecado ni te hace material menos querible. Y finalmente, que tus chalecos sean de plástico en lugar de cachemir no te hace menos valorable como persona. Lo único que prueba el hacer notar a alguien a modo de crítica que lleva ropa hecha de plástico es la gran inmensidad de la estupidez humana y que ni siquiera alguien que sepa armar el cubo Rubik a la perfección está exento de eso. Adiós año 2016, la verdad es que esta vez en lugar de olvidarte tomé notas y deje guardado sobre lo qué no debo hacer y a quién no debo conocer. El 2015 me regalo una advertencia al hacerme notar que existía gente tan básica como para desprestigiar a alguien con sus pares sin conocer a tal persona. El 2016 me dio la misma advertencia cuando comenzó, pero claramente yo no tome ninguna de las dos. Con este final de año y mi vida recuperada ¿me queda al fin claro que tales advertencias, la opinión de quienes si te quieren y tu misma intuición no debe tomarse a la ligera?

                                                                                                                                                         Iv.