viernes, 25 de mayo de 2018

Actualidad


El año 2006 mi mejor amiga Catalina y yo ya habíamos cumplido 18 años. Catalina se iría a estudiar Antropología a Valdivia y yo me quedaría estudiando Física en Antofagasta. Éramos amigas desde los 12 años y sería la primera vez que nos separaríamos tanto. Antes de la despedida caminábamos todas las noches por Av. Argentina, una larga calle en Antofagasta. Salíamos tipo 8 de la noche y no volvíamos hasta más o menos la 1 de la mañana a nuestras respectivas casas (vivíamos a una cuadra y media de la otra). Nunca sentimos miedo en nuestras largas caminatas mientras conversábamos de lo que sería y lo que era nuestra vida. Hoy en día recuerdo con un poco de melancolía lo que fue nuestro pasado antes de entrar a la universidad y no puedo dejar de preguntarme ¿cómo no sentí miedo en esa época cuando caminábamos solas a las tantas de la noche? Teníamos sólo 18 años. Yo ya sabía lo que eran los abusos en esa época y por supuesto que temía a que me violaran, sin embargo mi mayor miedo hacia el género masculino fue dándose con el paso de los años, cuando diversas situaciones en el ámbito universitario y con parejas me mostraron que caminar sola por las calles de Chile no es el único lugar donde corres peligro, sino que también lo eran las salas de clases donde ibas a estudiar.

Pasado lejano y no tan lejano

En una entrevista de trabajo me preguntaron como recordaba mi vida en el colegio. Respondí que en esa época nunca pensé que no podía ser científica, mucho menos física. Que solamente fue cuando entre a la universidad y se me miro en menos por ser mujer estudiando ciencias duras que comprendí que esta carrera es dominada por hombres. Incluso quede sorprendida en una ocasión donde al agacharme a recoger un lápiz, mis compañeros de ingeniería que eran mayoría en la sala empezaron a silbar porque me había agachado y pararon solo cuando la profesora los tuvo que hacer callar. En ese tiempo esas actitudes en mi estaban normalizadas y los abusos que recibí los olvidé con el tiempo. De la misma forma frases como "te va bien porque le gustas al ayudante" pasaron a segundo plano. Y así la situación se fue normalizando y guardando por mucho tiempo hasta que hace unas semanas atrás unas compañeras se tomaron su facultad para protestar contra los abusos de un profesor. Y no abusos donde les mandaba a hacer una tarea de 20 páginas para el día siguiente. Abusos sexuales, abusos a nivel psicológico, abusos de poder. La discusión se fue dando y me tocó escuchar a mis compañeras de pregrado y postgrado hablar sobre como se sentían en esta carrera donde la gran mayoría de los estudiantes y profesores son hombres. En esos momentos pensé "no soy la única sintiéndome así" con una mezcla de alivio y preocupación; alivio por comprender que no estoy loca y preocupación porque muchas habían vivido o vivirían situaciones similares a las que había pasado yo y de verdad, ¿qué mujer quiere que otra la pase igual de mal?


El por qué esto es importante

He escuchado testimonios de compañeras de la carrera, de compañeras de otras carreras en la universidad, de compañeras de otras universidades y de compañeras estudiantes que han ido a la televisión. De todo eso me quedo con una frase de una compañera donde al explicar los abusos, al explicar que las mujeres somos sometidas a un sistema educacional machista, finalizó diciendo "estas situaciones te quitan las ganas de seguir viviendo". Ese sentimiento creo que para muchas o para todas las que hoy nos movilizamos se ha manifestado en algún momento. Y esa es una de las razones más grandes de por qué esto es importante. Porque ya no son casos aislados, porque nos hemos atrevido a hablar con la otra y tristemente hemos descubierto que nos sentimos igual a pesar de ser regiones diferentes. Porque miramos a nuestro alrededor y pensamos ¿es normal que esto este pasando?

Es importante porque es un movimiento que nace desde algo tan profundo como el sentimiento de muchas mujeres, muchas quienes pelean por el derecho de las que no pueden o no pudieron. Y por lo mismo este movimiento no tiene color político. Por ser algo tan profundo ha sido difícil, agotador y muchas veces triste especialmente cuando te toca escuchar un testimonio o cuando escuchas al compañero de al lado invalidar tu sentimiento. No se debe invalidar a quien lo ha pasado mal o a quien ha sentido que no ha sido tratada justamente, menos cuando el sentimiento es común.

Futuro y hoy

Hoy en Chile las mujeres nos levantamos contra las prácticas abusivas en las universidades hacia nuestro género. No los hombres, las mujeres somos quienes llevamos esta lucha y no porque los excluyamos por rencor o por que es una pataleta nuestra.

Nos levantamos hoy porque en una sociedad donde se nos ha dicho que las mujeres somos malas, envidiosas, celosas de la otra y malas compañeras hemos encontrado que la mujer de al lado te abraza cuando sientes que tus derechos han sido vulnerados. Hemos comprendido que no somos malas con la otra o que la otra no te desea mal. Hemos visto que nuestro género, a pesar de encontrarnos en el año 2018 y haber pasado 66 años desde la primera elección presidencial donde las mujeres pudieron participar, aún es mirado en menos y no valorado más que para asuntos de la maternidad, aunque incluso en ese caso se nos ha quitado la opción de elegir.

Hoy las mujeres pisando territorio chileno nos levantamos y decimos "ya basta" porque queremos que en un futuro esto no sea un tema de discusión. Queremos dejar de pensar en ciertos temas como implementar cuotas de género para carreras donde la mujer no es representativa. Queremos dejar de ver en las noticias femicidios. Queremos dejar de pensar de que por ir con cierta vestimenta a clases se nos dirá un comentario desagradable o nos expondremos a que algún profesor nos toque. Hoy luchamos por un futuro donde seamos libres, libres de soñar, libres de elegir, libres al decir que no y libres al querer caminar con una amiga por las calles de la ciudad.



                                                                                                                     Iv.





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